Las Palmas de Gran Canaria - Islas Canarias - España
 
Libro Cayó la Gran Babilonia

La Gran Babilonia

Temas de Este Libro

La Otra Bestia

Urgente Misión de Esta Revelación

1

El Significado de la Otra Bestia

2


Características de la Otra Bestia - Texto Bíblico

3

La Otra Bestia sus 10 Características

4


Identificación de la Otra Bestia - Explicación de las 10 Características

5


           Características
mero Identificación de la Otra Bestia - Característica 10

6

      Mensaje Sobre la Cifra de la Otra Bestia


Llamada de amor para que veamos la verdad


Caída de la Gran Babilonia


Llamada de Amor a los que Siguen a la Gran Babilonia


El Juicio es Inminente

Juicio de la Cébre Ramera

Llamada de Amor - Es el Momento de Ver

Trayectoria del Caminar de la Ramera

Profecías Numéricas que Identifican a la Ramera

Lucha por Resurgir a la Ramera

Se Hace la Luz en La Gran Babilonia

Salíd de Ella Pueblo Mío

Llamada de Amor a los que han Dejado a La Ramera

Llanto por la Caída de Babilonia la Gran Ciudad

Alegría en el Cielo por la Luz en Babilonia - Desaparición de la Gran Ciudad

Aleluyas en el Cielo por el Juicio de la Gran Ramera

Los Poderes del Hades no Prevalecerán en Contra de la Iglesia

Triunfo de Cristo - Presentación de la Verdadera Esposa del Cordero

Cristo Combate con Justicia

Invitación al Banquete de Dios

Juicio Final - Derrota Total de las dos Bestias

Los Últimos Salvados

Texto Bíblico

Audios del Libro

   


´Cayó La Gran Babilonia
Misma Autora Consultar Dudas Derechos Autor


 

¡Cayó La Gran Babilonia!

Juicio de la Célebre Ramera

Entonces vino uno de los siete ángeles que llevaban las siete copas y me habló: “Ven, que te voy a mostrar el juicio de la célebre "Ramera", que se sienta sobre grandes aguas, con ella fornicaron los reyes de la tierra, y los habitantes de la tierra se embriagaron con el vino de su prostitución” (Ap.17, 1-2).

 

El ángel que le va a mostrar el juicio de la célebre “Ramera" es el primero de los siete ángeles, "que derramó su copa sobre la tierra y sobrevino una úlcera  maligna y perniciosa a los hombres que llevaban la marca de la Bestia y adoraban su imagen (Ap. 16,2).  

La célebre “Ramera” se sienta sobre grandes aguas, porque no está dominando sobre lo mundano, sino en un medio más propicio, sobre los que buscan a Dios: las aguas. Pero además: grandes aguas, porque son muchos.

Pero desde esa situación privilegiada, no está completamente en la verdad, sino que añade “sus verdades”, e interpreta la Verdad desde su humanidad. Ésa es la prostitución, adaptar la Verdad a lo más conveniente, someter la Verdad bajo el prisma del pensamiento humano. Y todos los que la siguen aceptan todo ciegamente. Por eso se dice que: los reyes de la tierra, y los habitantes de la tierra se embriagaron con el vino de su prostitución.

Los que se apartan del mundo, los que quieren entregar su vida a Dios, ésos que llegan a ella, que eran parte del pueblo de sacerdotes, reyes y   profetas (1Pe.2,9), elegidos por Dios, son esos reyes, porque vencieron las cosas del mundo, renunciaron al mundo. Ésos que así llegan a ella y se entregan a lo que ella ha hecho desde sí misma y hacen lo que la célebre “Ramera” hace, son esos reyes que con los habitantes de la tierra se embriagaron del vino de su prostitución. Éstos son todos los demás que por su causa, por no seguirla, no se entregaron tampoco a Dios. Es el aviso para que no se pierdan.

Me Trasladó en Espíritu al Desierto (Ap.17, 3).

Esta visión  dolorosa para quien ve la Verdad de  esta situación de confusión, requiere mirar en el espíritu, desde la mirada de Dios, y esto lleva al apóstol al desierto. También Jesús fue al desierto,  alejándose de todo lo del mundo. Hemos de mirar que lo que Dios nos quiere hacer ver con estas revelaciones, es que se rectifique, que nos entreguemos a los planes de Dios, que le dejemos a Él hacer su obra: la salvación de sus hijos.

Nada ni nadie aquí puede salvar a otro. Cristo es nuestro único Salvador, Cristo es el que toca y cambia los corazones. Nosotros sólo podemos ser testigos de su Amor, sus instrumentos con nuestro testimonio de vida, proclamando su Palabra, confesando a Cristo con nuestro corazón y nuestras bocas (Rom. 10,9).

Nos quiere hacer ver el Señor, que todo lo que Él nos ha dado para salvarnos está completo, que no se añadan las verdades de los hombres. Jesús vino, no a condenar al mundo sino a salvarlo (Jn.3, 17). Y estas palabras, estas revelaciones, nos llaman reiteradamente a la salvación desde la Verdad, desde el Evangelio. No está condenando sino advirtiendo para que se haga la Verdad. Porque aún hoy hay tiempo. No sabemos mañana.

No nos escandalicemos. Miremos desde la profundidad, en el espíritu, el verdadero sentido de estos signos desvelados. En estos mensajes, hay un Amor inmenso, profundo, incomparable, de Dios hacia su pueblo. Y su llamada es sólo eso: Amor infinito. Se nos invita a ir también al desierto, al silencio, a nuestro aposento como dice Jesús, y el Espíritu Santo iluminará a todos.  Muchos verán que todo ha merecido la pena, porque grande es la gloria de Dios, gloria que se hará en medio de todos. El evangelista sigue viendo:

Y vi a una mujer, sentada sobre una Bestia de color escarlata, cubierta de títulos blasfemos; la Bestia tenía siete cabezas y diez cuernos  (Ap.17, 3).

La Mujer vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza” (Ap.12,1-6), es la Mujer que tendría que ser e irradiar aquí.* Pero no es así, y esta mujer es muy diferente y va sentada sobre una Bestia.

El color escarlata que luce esta otra Bestia, la célebre “Ramera” simboliza el color de la sangre. Sentada, descansada sobre la sangre de Jesús, nuestro Salvador. (En el capítulo dieciocho dirá: “Estoy sentada como reina”. Ella se creía la esposa del Cordero). Y así construye sus verdades, y hace creer que ella es verdadera. La sangre que luce la célebre Ramera, simboliza también, como se verá después en el versículo seis, la sangre de los mártires.

Es lo que ella luce. Pero exhibe títulos blasfemos, al proclamar lo que ella se considera a sí misma, sin serlo: santa, la única verdadera para encontrar el Camino de la salvación, la esposa del Cordero, y todas “sus verdades”, que hacen  que la sigan sus fieles. Y son tantos  los títulos blasfemos, que la  Bestia está cubierta de ellos, porque son muchas las cosas que añade desde sí misma y que dice que se hagan, para así hacer la voluntad de Dios, privando a los hijos de Dios de la Verdad que los hace libres.  Ella no ha visto esta verdad, pero el Señor, nuestro Salvador, nos da hoy la Luz para que ella  vea.

*La Vida nueva, que por el poder del Espíritu Santo, se gesta en cada iglesia, en cada uno. Pág. 116

Y “sus verdades” desvían a otros del Camino de salvación. Ninguna verdad que añada el hombre a lo que Dios ha dicho, sirve para que alguien se salve; por el contrario, crea confusión. Eso es lo que aquí se nos advierte. (Las siete cabezas y los diez cuernos los explica el ángel en los versículos del nueve al trece).

La mujer estaba vestida de púrpura y escarlata, resplandecía de oro, piedras preciosas y perlas; llevaba en su mano una copa de oro llena de abominaciones, y también las impurezas de su prostitución (Ap.17,4).

El color púrpura con el que está vestida la Mujer, simboliza lo que ella luce ante sí misma y ante los ojos de los demás. Es este el color, porque todo lo que hay en ella, todas sus estructuras, sus dogmas, sus leyes, sus preceptos, etc. han salido desde los purpurados, los que se revisten de color púrpura, que son aquéllos que representan el saber, el sostenimiento de su historia y de su doctrina, por la que todos en ella han de regirse.

Es una mezcla, pues  también luce oro, piedras preciosas y perlas. Éste es el lado bueno que presenta la Ramera ante los ojos de los demás, y de los que aún siendo en ella no han visto la Verdad: el oro es la pureza de la Vida en Dios, con las piedras preciosas, símbolo del fundamento de la iglesia de Dios, el fundamento de los apóstoles: piedras vivas, piedras  preciosas, como se dice en la descripción de la Jerusalén eterna (Ap.21, 14). Y perlas, como las doce puertas de entrada a la gloria eterna. Es el reino, que en ella se predica, igual que Jesús comparó el Reino de los Cielos con una perla (Mt.13,45). Pero ha de desechar sus propias verdades.

Los colores de la Mujer son iguales a los de la Bestia sobre la que va sentada y significan  lo mismo, y que va descansada sobre todas “sus verdades”, sobre lo que la ha hecho “no ser”, sobre lo que ella misma se hizo: otra Bestia.

De la copa de oro dice el Señor: "Yo soy ese oro". Y es el ofrecimiento que ella hace a Dios. Pero dentro de esa copa ella pone todas las abominaciones y las impurezas de su prostitución: La Verdad prostituida por todo lo que ha añadido desde sus razonamientos humanos que la ha llevado a mezclar la Verdad con sus ideas y leyes.

Busca hacer como Dios quiere. Y Dios le ha dado, y le da, todo para que así haga; pero ella no ha visto, y todos en ella hacen lo que otros antes que ella hicieron desde sus propios criterios.

No olvidemos que la mujer va sentada sobre la Bestia, y que la Bestia es el pecado habitando en el hombre, como se dijo al principio del capítulo XIII. Pero nada de esto está oculto. Los demás desde fuera lo pueden ver, por esto en lo más visible, en su frente, lo lleva escrito:

Y en su frente un nombre escrito - un misterio-: “La Gran Babilonia, la madre de las rameras  y de las abominaciones de la tierra” (Ap.17, 5)

Las iglesias son iglesias si viven en lo que Dios ha hecho que en ellas sea, pero si no viven en ello están confundidas, se les llama   “rameras”. También en otras religiones se interpone entre Dios y sus hijos lo que ellas mismas han añadido, lo que sus dirigentes han creído y entendido  como válido o bueno. Por esto aquí se dice que la “Gran Babilonia” es la madre de las rameras. Y Dios llama a cada uno para que así, vuelva a vivir, a ser sólo en lo que Dios hace, en lo que Dios dice que se haga.

Y  vi que la mujer se embriagaba con la sangre de los santos y con la sangre de los mártires de Jesús. Y  me asombré grandemente al verla; pero el ángel me dijo: “¿Por qué te asombras? Voy a explicarte el misterio de la mujer y de la Bestia que la lleva, la que tiene siete cabezas y diez cuernos” (Ap.17, 6-7).

Ella, “la célebre Ramera”, como se le llama  en este capítulo, se apropia de lo que han vivido los santos y los mártires de Jesús como mérito propio para hacer que todos crean en ella y en “sus verdades”, pues lo exhibe como credencial para que los demás crean en ella. Pero santos y mártires son los que han buscado desde su corazón y vivido el encuentro personal en Dios y la entrega total en Jesús, en nuestro Señor Jesucristo, en fidelidad, porque Él ha hecho que así haya sido. Sólo es obra de Dios, no mérito de hombres o instituciones. En los siguientes capítulos se sigue confirmando a través de los signos que se siguen desvelando, lo que hasta aquí se ha ido descubriendo acerca de la célebreRamera”, esta  mujer sentada sobre una Bestia color escarlata...

Veamos primero otra llamada de Amor de este mensaje para que todos busquen la Verdad, y para que llevemos la Verdad a los demás.

                 

Podéis  descargar  una copia  del  libro  en formato  PDF completamente gratis

    

Es Importante Leer la Presentación Para Comprender Mejor el Libro 

PRESENTACIÓN

 

    
 
   
   
   
   
   
   
     

 

 

 

Cayó la Gran Babilonia

              Puedes Empezar A Leerme      

Cada Capítulo de Este libro Desde el (1) al (28) en Texto, Puedes Escucharlo También en Audio - Vídeo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


|| 

Cayó La Gran Babilonia Copyright ©2021 - Explorer -Mozilla - Ópera - Chrome