Las Palmas de Gran Canaria - Islas Canarias - España
 
Libro Cayó la Gran Babilonia



La Gran Babilonia

Temas de Este Libro

Urgente Misión de Esta Revelación

El Significado de la Otra Bestia


Características de la Otra Bestia - Texto Bíblico

La Otra Bestia sus 10 Características


Identificación de la Otra Bestia - Explicación de sus 10 Características


           Características
Número Identificación de la otra bestia - Característica 10

Mensaje sobre la cifra de la otra bestia


Llamada de Amor Para que Veamos la Verdad


Caída de la Gran Babilonia


Llamada de Amor a los que siguen a la Gran Babilonia


El Juicio es Inminente

Juicio de la Cébre Ramera

Llamada de Amor - es el Momento de Ver

Trayectoria del Caminar de la Ramera

Profecías Numéricas que Identifican a la Ramera

Lucha por Resurgir a la Ramera

Se Hace la Luz en La Gran Babilonia

Salíd de Ella Pueblo Mío

Llamada de Amor a los que han Dejado a La Ramera

Llanto por la Caída de Babilonia la Gran Ciudad

Alegría en el Cielo por la Luz en Babilonia - Desaparición de la Gran Ciudad

Aleluyas en el Cielo por el Juicio de la Gran Ramera

Los Poderes del Hades no Prevalecerán en Contra de la Iglesia

Triunfo de Cristo - Presentación de la Verdadera Esposa del Cordero

Cristo Combate con Justicia

Invitación al Banquete de Dios

Juicio Final - Derrota Total de las dos Bestias

Los Últimos Salvados

Texto Bíblico

Audios del Libro

   


´Cayó La Gran Babilonia
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El Significado de la Otra Bestia
 

La otra Bestia, la imagen de la Bestia, es llamada también en este "Apocalipsis" la "Ramera" , "la célebre Ramera", "la Gran Babilonia", "la Gran Ciudad".

Y aunque  hay ligeros maticesque  diferencian estos nombres, están tan íntimamente ligados que parecen señalar lo mismo. A través de la lectura se irán distinguiendo estas ligeras diferencias.

Pero para que no haya duda acerca de la realidad de su identidad, aquí están revelados completamente todos esos signos entre los que aparecía como un tanto escondida.

Ya no hay nada escondido respecto a ella, ya no hay dudas sobre su identidad.....

 La otra Bestia se nos revela como la influencia astuta, engañosa, disimulada, del demonio en las iglesias para distorsionar en el hombre la rectitud del Camino que lo lleva al encuentro con Dios, y con sutileza hace que los hombres legislen sus leyes, impongan a sus fieles normas y obligaciones que Dios no ha dicho, para distraer a los que buscan a Dios, conformándose éstos con prácticas religiosas, con cumplir normas y obedecer a otros, alejándose así de la búsqueda y relación directa con Dios, de la intimidad con Dios, su único Padre.

           Dios nuestro Señor, nos descubre aquí el daño que la otra Bestia ha hecho y está haciendo en sus hijos en las comunidades eclesiales, en su Iglesia, recordándonos que en el Jardín de Edén el demonio utilizó el mismo engaño haciendo ver que era bueno lo que no era de Dios. Así ha continuado su misma obra infiltrándose en las iglesias solapadamente para desorientarnos, haciéndonos ver que es de Dios lo que Dios no nos ha dado ni nos ha dicho.

El hombre cuando ha actuado en la Iglesia desde su propio conocimiento tan suceptible al error, le ha fallado a Dios. Ése es el mal que aquí denuncia el Señor que hay que erradicar de la Iglesia para que se dejen guiar las comunidades eclesiales, las iglesias, por el Espíritu Santo, y así despojarse de todas las verdades construidas supuestamente por el hombre, pero que ha sido engaño de Satanás que lucha en contra del Reino de Dios para establecer su reino. Todos sabemos que en el Camino hacia Dios lo que no es de Dios viene del maligno aunque esté disfrazado con apariencia de bueno, quizás, como algo conveniente. Esto es adulterar la Verdad añadiendo sus “verdades”. Por eso se le denomina en el Apocalipsis, “Ramera”. Este nombre no es asignado a las iglesias sino a las construcciones humanas en ellas. El Señor llama a que cada iglesia se cuestione lo que en ella  el hombre ha establecido, pidiendo para ello la Luz que el Espíritu Santo infunde, para ver y así ser tomados de la mano de Jesús, nuestro Salvador.

Nos puede servir de comparación el muérdago, planta parasitaria que se va enredando en un árbol hasta alcanzar las ramas clavándose en los brotes más tiernos. A simple vista, el que no se detiene a mirarlo, puede verlo como un todo, sólo ve un árbol. El agricultor que conoce muy bien el árbol lo detecta enseguida y lo arranca. Así en el árbol que Dios ha plantado aquí, la Iglesia, se han adherido las construcciones humanas (leyes, conveniencias, razones, obligaciones… o cualquiera otra cosa que no venga de Dios). Si se mira a simple vista parece que todo pertenece al árbol, a la Iglesia de Cristo. Por eso aquí el Señor nos llama a todos a volvernos a la integridad de su Evangelio, y despojarnos de todo lo que los hombres han añadido como si fuera por voluntad de Dios. Son construcciones humanas, por lo que se le nombra como la “Gran Ciudad”.

Igual que cuando en un manzano, por ejemplo, se dejara proliferar el muérdago, quedaría confundido entre sus hojas y se vería como una sola cosa; así la que era sólo Iglesia en sus principios se ha dejado invadir por todas las adherencias que el hombre ha ido añadiendo, hasta tal punto, que se ve como Iglesia lo que el Apocalipsis llama “Ramera” y rameras. Y se nos da a saber, para que descubramos todo esto que a través de los tiempos ha ido modificando a la Iglesia de Cristo, que es una, aunque nuestras razones la hayan dividido y separado.

Veremos en todos los signos del Apocalipsis, que la “otra Bestia” es la influencia del maligno que se ha infiltrado en la Iglesia haciendo que surja la “Ramera”, como el muérdago en un árbol. Y así se le ha identificado como lo mismo.

 El muérdago se aprovecha de la savia del árbol restándole vitalidad, lo que repercute en los frutos; así igual todas las construcciones humanas han restado vitalidad al mensaje, a la misión de la Iglesia de Cristo.

Sin embargo no podrá hacerla morir porque está escrito que los poderes del infierno no prevalecerán en contra de la Iglesia (Mat.16,18). La Iglesia triunfa siempre con Cristo. Pero hoy, por toda la corrupción que se ha adherido a ella, el Apocalipsis aún habla de  la “Gran Babilonia”.

El profeta Miqueas al comienzo del capítulo IV predice el triunfo final de la Iglesia. Teniendo en cuenta que en el Apocalipsis se les llama naciones a las religiones, veamos: “En los últimos días… muchas naciones se acercarán diciendo: Vengan, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob. Dios mismo nos instruirá en sus caminos, y así andaremos en sus sendas… administrará justicia a naciones poderosas  y lejanas. Convertirán en azadones sus espadas y en hoces sus lanzas. Ya no alzará su espada nación contra nación (la lucha por sus verdades) ni se adiestrarán más para la guerra…”

Miqueas habla para los últimos tiempos, de la paz y colaboración entre las iglesias que todas suben al monte Sión. Es la Luz que nuestro Dios derrama hoy como nunca antes. La Luz que hará caer todo esto que el Señor nos está descubriendo que perjudica a su Iglesia, para que nos despojemos de todo ello y llegue libremente la salvación a todos.

Hoy el Señor quiere rescatar a sus amadas ovejas una a una; no condena, sino que quiere tomar a cada una de la mano. Así sigue hablando Miqueas sobre los tiempos postreros: “En aquel día –dice el Señor- reuniré a las ovejas lastimadas, dispersas y maltratadas. Con las ovejas heridas formaré un remanente (Resto) y con las desterradas una nación poderosa. El Señor reinará sobre ellas en el monte Sión desde ahora y para siempre”. Todos ésos son los desengañados, los lastimados, los anulados, los rechazados, los olvidados o escandalizados de las religiones, que por ello hasta se habían alejado de Dios.

Como veremos desde los primeros signos desvelados sobre la “Ramera”, éstos apuntan sobre las construcciones humanas en la más conocida de las religiones cristianas, como símbolo que incluye también a  las demás que se segregaron de ella a través de los siglos, por lo que en el  capítulo XVII el Apocalipsis la llama “La madre de las rameras de la tierra” para que todas confronten consigo mismas lo que el Señor hoy les está advirtiendo.

Con el mismo Amor, claridad y firmeza con que corrige el Señor en las cartas a las siete iglesias; igual que advierte, reprende, aconseja, anima, y avisa a la iglesia de Laodicea, así hace aquí avisando a sus hijos sobre la “Ramera” porque a cada uno de los que están en ella no le estará negado si “lava sus vestidos y recobra la vista, recibir la recompensa y sentarse con Cristo en su trono, como Él también venció” (Ap.3,17,21)

Aunque sea muy fuerte o dolorosa para muchos esta verdad que se nos revela, el Señor lo que quiere es que ninguna de sus ovejas que se acercan a las comunidades eclesiales buscándolo a Él,  sea alejada del Camino.                           

Cristo vino a salvar lo que estaba perdido (1Tim.1,15);  vino a salvar, no a condenar, y en este caso también quiere atraer a todos hacia la Verdad. Hemos de mirar que todo lo oculto que se denuncia, se manifiesta a la Luz, y es Luz  (Ef.5,10-14). La Luz, Cristo, ha venido al mundo para que el mundo no ande en tinieblas (Jn.12,46).    

           Por la gracia de Dios ha llegado el momento de alegrarnos como se alegran por este hecho en el cielo (Ap.19,1-4). Y es el momento de alegrarse, porque el Señor que siempre nos está guiando para que veamos claro el Camino que nos lleva a la salvación, hoy nos hace ver claras todas las características de la “otra Bestia”.

Nos desvela los signos que nos advierten sobre su trayectoria en la historia, sobre su “caída”, sobre su “resurgir” y sobre la Luz poderosa que se hará  finalmente en ella y sobre toda la tierra, que la hará desaparecer definitivamente. Se habrá hecho para siempre la Luz en ella.

 Nos desvela las “Profecías Numéricas” que la identifican en sus estructuras y anuncian la lucha de los que querrán oponerse a los planes de Dios sobre ella, tratando de sostenerla, además de revelarnos el número de la bestia. Nos muestra desvelados todos los signos, ninguno queda oculto, como los que descubren el contraste entre su apariencia externa y su verdadera esencia (Ap.13,11-17).

Que nadie se escandalice a primera vista al leer los primeros signos, o leerlos superficialmente. Aunque en el texto del Apocalipsis, y en la explicación sobre este tema parezca a simple vista que se está refiriendo a la Iglesia, aunque aparezca como un todo, lo que el Señor nos está advirtiendo es que separemos a la “Ramera” de la Iglesia. Cuantos signos aquí hablan de ella forman, uno a uno, una unidad completa, por lo que es necesario leerlos todos para poder discernir la fiabilidad de cuanto aquí está revelado.

Van incluidos en esta parte del libro, algunos mensajes de Amor para que por la misericordia de nuestro Dios, muchos puedan ser tocados en sus corazones, y ver que todas estas revelaciones sólo pueden provenir del Amor inmenso de Dios que derrama su Luz prodigiosamente para corregir a los que queriendo seguir a Cristo, han sido llevados por un camino errado, siguiendo pensamientos de los hombres.

Que la Verdad se haga y como dije al final de la Presentación, que esta Luz con la que toda la tierra quedará iluminada (Ap.18,1), cumpla su cometido por el Amor de Dios manifestado en Cristo Jesús y el poder del Espíritu Santo, para la gloria de Dios Padre.




                  

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PRESENTACIÓN

   

    
 
   
   
   
   
   
   
     

 

 

 

Cayó la Gran Babilonia

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